El nuevo gobierno de Mariano Rajoy está dispuesto a recortar al máximo en gastos sociales, continuando y ampliando lo que ya estaba haciendo Zapatero. En previsión de la reacción que éstas y otras medidas van a provocar en el grueso de la población, se decidió el aprovisionamiento (adjudicado aun antes de las elecciones del 20N) de lo que técnicamente se denomina "productos pirotécnicos no letales para fuerzas policiales y militares", con un altísimo presupuesto que poco tiene que ver con el espíritu de "austeridad" que nos están cacareando hasta la nausea desde los medios políticos y financieros.
Nos van a dar hasta en el cielo de la boca.
Ver en adjunto el PDF con el presupuesto del Estado del Boletín Oficial.
Fuente: Kaos en la red
PENSAMIENTO CRÍTICO - IMAGINACIÓN - UTOPÍA. El naufragio es una publicación aperiódica que ofrece, entre otros contenidos, textos políticos y de investigación en torno a una crítica de la vida cotidiana, la reinvidicación de lo imaginario como fuerza emancipadora del ser humano, encuestas para una refundación del mito y lo simbólico, entrevistas...
domingo, 1 de enero de 2012
sábado, 31 de diciembre de 2011
La mercantilización del juego
Actualmente en nuestra sociedad se supone que el juego es algo meramente infantil, una breve etapa que ha de superarse hacia el fin último que es la vida adulta. Desde esta perspectiva aceptada, el juego se ha entendido como algo inútil, un derroche de tiempo y energía, algo inclasificable e incomprensible una vez fuera del entorno estanco de la niñez. Paralelamente al proceso de deshumanización practicado por el capitalismo a todos los niveles de la vida de los adultos, la infancia ha sufrido su propia colonización y parcelación tras la cual cada niño que habita en el mundo desarrollado tiene que aprender a planificar su vida alternando los momentos de formación y los meramente lúdicos. La fragmentación de la vida infantil se ha realizado a través de las instituciones más obvias como las guarderías y colegios donde se separa a los niños de sus padres y se les alecciona en los conocimientos más útiles para la sociedad (siendo la primera lección “la finitud del apego familiar y el abandono”). Pero, como buena pieza del engranaje del sistema, el niño es absorbido y utilizado a través de la producción de infinidad de objetos de consumo muy especializados que van desde los sofisticados alimentos en los que se acumulan una variedad asombrosa de nutrientes y vitaminas hasta la ropa o los juguetes cuya multitud y pequeñas variaciones resulta aterradoramente infinita. En definitiva, cada uno de los instantes de las vidas de nuestros niños se encuentra tan mercantilizado, especializado y fragmentado como el del adulto en un proceso cuyas consecuencias podemos claramente imaginar.
A pesar del totalitarismo del mercado, basta una mirada rápida a una plaza atestada de niños para comprobar fácilmente cómo los juegos infantiles permanecen iguales en sus manifestaciones más espontáneas, sobreviviendo a los artefactos y juguetes que los propios niños arrastran, que entorpecen las carreras y que generan envidias y celos constantes entre ellos. Son los propios padres quienes se empeñan en embotar la capacidad imaginativa de sus hijos, pues acaban considerando que lo deseable de un niño es que éste permanezca ensimismado en un juego el máximo tiempo posible, eliminando cualquier contacto con los adultos más allá de los cuidados básicos. De este modo, las celebraciones se han convertido en oportunidades de acumular montañas de regalos en una competición entre aquellos juegos que tratan de enseñar habilidades, conocimientos o roles y aquellos otros que fascinan a los críos a través de las imágenes y videojuegos. En estos dos polos se conjugan todas las posibilidades lúdicas de nuestra infancia: por un lado, los juegos entendidos como un mero entretenimiento evasivo en los que se combinan diferentes instrumentos banalizadores de la imaginación como las películas o los videojuegos y, por otro lado, aquellos que deben preparar al niño a convertirse en el adulto de mañana, es decir, los juegos supuestamente educativos y el combinado imbatible de muñeca/balón.
En este sentido, hay padres que se devanan los sesos con sus mejores intenciones buscando el nuevo instrumento para la estimulación temprana de la capacidad cognitiva del bebé y que consiste, por ejemplo, en un puñado de etiquetas de tela cosidas que garantizan la exploración sensorial. Pues parece que no se puede perder ni un segundo para conseguir que nuestro hijo desarrolle todas sus potencialidades y moldearlo cual flexible plastilina hasta que alcance el coeficiente intelectual de Einstein. Y por eso, además, nuestro tiempo con él ha de convertirse en tiempo de calidad, esa compensación psicológica que jamás podrá adormecer los remordimientos por abandonarlo diariamente en la guardería mientras trabajamos. Nos podemos imaginar perfectamente a ese padre obsequioso que ha conseguido arañar un rato al trabajo para sentarse en el sofá con su niño, tratando de jugar a las nueve de la noche con un bebé agotado y llorón. Hay otros padres que le regalan a su hijo el balón para que vaya apuntando hacia un futuro exitoso y a ese balón le suman la equipación original, la mochila, el reloj-despertador, las sábanas de la cama y las babuchas hasta conseguir acorralar al crío con su idolatrado club de fútbol. Y tampoco podemos olvidar que cuando una niña viste a su muñeca y la pasea en un carrito se está preparando como madre y aprendiendo el duro peso de la responsabilidad. Sea como sea, todos ellos esperan que sus tiernos infantes sean mañana un premio Nobel o Ana Obregón y orientan los juegos a la consecución de un objetivo.
A este ejercicio de expropiación del juego, de planificación y diseño constante de cada momento de los niños hay que añadir una explotación mercantil más con la adoración a las marcas a través de los personajes de dibujos animados o de equipos de futbol: Bob Esponja, Gormiti o Dora la explotadora. Haciendo prácticamente imposible encontrar un muñeco que no reproduzca alguno de estos engendros. Estas navidades han sido Draculaura y las Barbies modernizadas de Monster High quienes han conseguido agotar existencias. Unas muñecas dirigidas a niñas de 6 a 10 años y que repiten hasta el hartazgo los trasnochados estereotipos de la feminidad adolescente. Para colmo, para conseguir este instrumento de adoctrinamiento infantil, los padres han tenido que guardar colas y vigilar las reposiciones en los grades almacenes con una sonrisa indulgente hacia el fetichismo de tu hija, que sueña con ser la más presumida del insti.
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| Draculaura y sus colegas. |
Y, por supuesto, las videoconsolas se han convertido en el juego por antonomasia, imprescindible en la integración y socialización de las criaturas. ¿Quién puede negarle a su hijo la Nintendo 3D por 150 euros? Así le tendremos arrinconado, bien calladito, tecleando mientras los coches de Mario se adelantan unos a otros o cuidan a su mascota virtual. Además, la 3 D debe desarrollar la inteligencia de los niños de manera extraordinaria, al fin y al cabo la vende Eduard Punset (quien con una sonrisa estúpida exclamaba “es como deberíamos ver todas las cosas”). A esto se suma el enfoque para toda la familia con el que se promocionan estas tecnologías, porque resulta difícilmente reprochable que un niño agote sus horas jugando en la videoconsola si el entretenimiento lo comparte con sus padres.
Desde esta perspectiva utilitarista, el juego y los juguetes deberían ser relegados tras la infancia y de hecho, aparentemente, este proceso se desarrolla cada día a una edad más temprana. Las chicas esconden las muñecas mucho antes de llegar al instituto y los chicos empiezan muy pronto a jugar al futbol con la intención de entrenarse. Ya no pierden el tiempo soñando o imaginando, sino que tratan de alcanzar logros y así conseguir el tan ansiado apoyo de sus padres. Pero, como hemos indicado, en una sociedad en la que se prolonga la adolescencia hasta la nausea, tan inmadura como para concebir la independencia a partir de los 30 años, el juego no se abandona sin más, sino que se sustituye el juguete por la perpetua interactividad de los cacharritos informáticos y los excitantes juguetes sexuales (esos pecadillos de la incentivada industria erótica, pues la colonización del imaginario hace tiempo que convirtió el sexo en mercado).
¿Será capaz de sobrevivir al totalitarismo el verdadero juego? Ese juego inútil, gratuito, superabundante de la infancia que convertía en un proscrito al tramposo. Esos ritos indescifrables para los adultos que embebían a los niños hasta olvidarse de la merienda. ¿Seremos capaces de preservar el tiempo suficiente para que nuestros hijos puedan habitar El país de los Juguetes que recreaba Collodi en Pinocho? Él lo describía así: Este país no se parecía a ningún otro país del mundo. Su población estaba compuesta exclusivamente por niños. Los mayores tenían catorce años, los más jóvenes apenas llegaban a los ocho. En las calles había una alegría, un estrépito y un vocerío como para volverse loco. Bandas de chicuelos por todas partes; unos jugaban a los dados, otros al tejo, otros a la pelota, unos montaban en velocípedos y otros en caballitos de madera; unos jugaban a la gallina ciega, otros al escondite; otros, vestidos de payasos, comían estopa encendida; unos recitaban, otros cantaban, otros daban saltos mortales, otros caminaban con las manos en el suelo y las piernas por el aire, unos rodaban el aro, otros paseaban vestidos de generales con un gorro de papel y un sable de cartón; reían, chillaban, llamaban, aplaudían, silbaban, imitaban el cacareo de la gallina cuando pone un huevo... En suma, un verdadero pandemonium, una algarabía, un endiablado alboroto, como para ponerse algodones en los oídos, so pena de quedarse sordos. En todas las plazas se veían teatrillos de lona, atestados de niños de la mañana a la noche, y en todas las paredes de las casas se leían inscripciones al carbón de cosas tan pintorescas como éstas: ¡Vivan los jugetes! (en vez de juguetes), no queremos más hescuelas (en vez de no queremos más escuelas), abajo Larin Mética (en vez de la aritmética), y otras maravillas por el estilo.
martes, 6 de diciembre de 2011
Navidades combustibles
Van acercándose las navidades y comulgaremos en los rituales de las mercancías. En medio del caos nos aferramos a nuestro credo con un fanatismo suicida demencialmente exaltado por los medios de comunicación.
Repetimos incansablemente el mantra del fetiche tratando de exorcizar los malos tiempos. Pero el espejismo tiene pocas probabilidades de sostenerse, por ello, en estas entrañables fechas podremos ver simultáneamente aglomeraciones en los centros comerciales y en las oficinas del paro. Y ambos hechos no son en absoluto incompatibles, precisamente para eso está la paguita. La pobreza ya no es excusa, todos podemos obtener nuestra cuota de mercancía.
En el reino de la abundancia los fetiches están al alcance de todos fortaleciendo la base de nuestra democracia, en la que poco importa tu color, tu nacionalidad o credo. Ni siquiera es ya importante el concepto de exclusividad que se reservaba a los productos de marca o exquisiteces de gourmet. Todos podemos probar en carne propia lo mal que nos sienta ponernos un Versace o comernos un par de kilos de langostinos, pues cada uno de ellos tiene ya su versión cutre (o low cost, en el vocabulario de la publicidad).
Igualmente, todos los españoles tendremos la oportunidad de engordar un kilo y medio a base de mantecados y mayonesa a los que habrá de sumar las horas perdidas en conversaciones familiares protocolarias o hirientes, mientras se suceden las estupideces ilimitadas de la televisión.
Igualmente, todos los españoles tendremos la oportunidad de engordar un kilo y medio a base de mantecados y mayonesa a los que habrá de sumar las horas perdidas en conversaciones familiares protocolarias o hirientes, mientras se suceden las estupideces ilimitadas de la televisión. Por todo ello, la nocividad de las repugnantes navidades alcanzará nuevamente cotas aterradoras: desplazamientos en coche quemando combustible, iluminación decorativa tan cegadora como para ocultar la estrella de Belén, ingesta de alimentos que nos envenenan a nosotros y a la naturaleza (como el salmón o los insípidos langostinos), sustitución de gadgets informáticos obsoletos por otros más fútiles y caducos, acumulación de ropa y cultura como regalos más socorridos, etc.
Comprar, gastar y consumir hasta que acabemos con todo.
Comprar, gastar y consumir hasta que acabemos con todo.
jueves, 3 de noviembre de 2011
El sueño de Papandreu produce referendum.
Cuando ya no se puede asfixiar y humillar más a un pueblo, cuando se han mendigado hasta lo vergonzoso las draconianas “ayudas” del capitalismo, cuando las migajas de aquello que se llamó bienestar las han devorado los mercados y el caos se arremolina sobre la desvalida Grecia. Entonces al primer ministro Papandreu se le ocurre permitirle al pueblo griego un último corte de mangas antes de abandonarse a ese más allá ignoto que ha de encontrarse tras la protectora Europa. A estas alturas es normal que nos dé la risa floja.
Así, frente a la devastación que ha puesto en marcha el capitalismo agonizante, la estafa de la UE ha mostrado una y otra vez su verdadero rostro y se ha cebado a costa de los cerdos mejor nutridos. Por eso, al igual que Portugal e Italia, tenemos que ir haciéndonos el cuerpo para sobrevivir (olvidémonos de habitar) en una vorágine de pérdida de derechos y empobrecimiento programado hasta que llegue el tan ansiado fin del sistema.
Y, sin embargo, Papandreu ha sido capaz de realizar la voltereta más asombrosa y descabellada que pudiera imaginarse al pedir opinión a los griegos sobre su futuro. Nos lo imaginamos empapado de sudor en mitad de la noche, volviendo una y otra vez la cabeza en la almohada y asaltándole repentinamente una idea loca, absurda y sin embargo nítida e inmisericorde. Papandreu tuvo un sueño, el de una Grecia donde la batalla entre el capitalismo y la democracia sea ganada por el pueblo, quien por fin será dueño de su destino. Y ha decidido afrontar las consecuencias políticas y personales que sean necesarias, porque no cederá hasta conseguir retornar a Grecia la democracia.
En realidad, no asistimos más que a un espejismo, a un borroso reflejo de aquello que se llamó soberanía y que al pueblo griego se le permite tarde y cuando ya no hay salida. Resulta absolutamente repugnante observar a un político entonar el mea culpa. Inmediatamente uno se pregunta ¿cómo de grave será lo que ha hecho? ¿qué oculta? ¿a quién beneficia? Esos gestores implacables, que han doblegado la democracia buscando el favor del sistema, de repente se vuelven escrupulosos y, como Zapatero, se responsabilizan de la tragedia de 5.000.000 de parados. Su babosa humanidad de cuento de navidad nos produce arcadas.
En fin, no sabemos si nos quedará humor para resistir la cara de consternación de nuestro próximo presidente cuando anuncie su plan de salvación. Quizá sea preferible naufragar cuanto antes ...
Posdata: 2 horas después de publicar esta entrada el primer ministro griego Papandreu ha declarado que todo era una broma y que no se va a votar nada.
Posdata: 2 horas después de publicar esta entrada el primer ministro griego Papandreu ha declarado que todo era una broma y que no se va a votar nada.
martes, 23 de agosto de 2011
Autonomía obrera: todo el poder para la asamblea.
Excelente documental que mediante un inteligente uso del humor y los testimonios de varios integrantes del movimiento en los 70 nos sirve de muy buena introducción al tema de la autonomía obrera.
miércoles, 15 de junio de 2011
¿Quiénes son los violentos?
Impresionante video... sobran las palabras.
Edito: Han habido intentos de eliminar este video de youtube. Esto es un buen ejemplo que ilustra que internet no es la panacea de la información y que un asunto tan grave como es la infiltración de los cuerpos de seguridad del estado en los movimientos sociales no puede ser difundido libremente en la red sin problemas. No quepa duda de que esta democracia que nos venden es una dictadura cada día menos enmascarada.
Edito: Han habido intentos de eliminar este video de youtube. Esto es un buen ejemplo que ilustra que internet no es la panacea de la información y que un asunto tan grave como es la infiltración de los cuerpos de seguridad del estado en los movimientos sociales no puede ser difundido libremente en la red sin problemas. No quepa duda de que esta democracia que nos venden es una dictadura cada día menos enmascarada.
viernes, 10 de junio de 2011
La cárcel no es virtual
Desde la redacción del Naufragio exigimos la inmediata puesta en libertad sin cargos de los tres activistas de Anonymous detenidos hoy, entendiendo que dichos cargos son puramente ficticios por haberse producido en el ámbito de lo virtual y no haber tenido verdaderas consecuencias para los supuestos afectados.
El comisario de la Brigada de Investigación Tecnológica (BIT), José Manuel Vázquez, aparecía hoy ante las cámaras de los medios de comunicación para anunciar la detención de tres activistas del movimiento Anonymous. En las fotografías difundidas aparece el comisario con cara de estar aguantándose la risa evidenciando lo ridículo del supuesto delito de tamaños criminales. Mientras realizaba declaraciones involuntariamente patafísicas como “Pueden parecer trastadas de chavales, pero ya es un delito”, encima de la mesa y sostenida por él mismo se hallaba la burlona máscara del protagonista de V for Vendetta.
Debemos entender que al mismo ritmo que el ser humano es instigado a enclaustrarse en la red informática para poder recorrer las autopistas del consumo sin límites físicos, el sistema necesita generar las barreras que marquen lo permitido y lo delictivo. Para ser efectivo, el establecimiento de lo virtual ha de reproducir análogamente las estructuras de lo real, especialmente las reglas e instituciones que supuestamente protegen al ingenuo internauta y salvaguardan el orden establecido. En ese tránsito a lo incorpóreo hemos de confundir las consecuencias de nuestros actos y las autoridades competentes se afanan por establecer una burda versión cibernética del orden de siempre. Los dueños del tinglado, esos que nos permiten ser libres para cliquear la revolución que viene, se han sentido agredidos: unas pequeñas hormigas han paralizado sus páginas durante unas horas. ¡Semejantes crímenes no pueden permanecer impunes! Imponiendo un castigo que nada tiene de virtual lograrán afirmar aun más la permanencia del simulacro.
En el nuevo orden de lo existente que pretenden imponernos, cuando la imagen virtual sustituya a lo real, lo que antes era publicidad de Sony (su página web corporativa) se convertirá en Sony realmente y lo que antes era mera información al ciudadano de la Junta Electoral, se convertirá en la verdadera Junta Electoral. De tal modo que el respetable comisario Vázquez se ha erigido como abanderado de un mundo nuevo en el que los ataques cibernéticos serán tan o más graves que los atentados reales. Y por eso, ahí tenemos la imagen de ese hombre que se reía como lo hacían quienes detuvieron a Josef K., conscientes de la estúpida crueldad con la que el sistema golpea a sus inermes ciudadanos. La brutal desproporción de lo sucedido es inaudita: a un supuesto delito virtual le van a corresponder penas reales.
Nos vendieron la red diciéndonos que en ella seríamos, al fin, libres, que el mundo estaría en nuestras manos. Y, sin embargo, nos encontramos atrapados en esta tela de araña, frente a la pantalla, tomando la sopa boba de siempre, sin poder siquiera consentirnos bloquear la página web de quienes tanto en el mundo virtual como en el real son dueños de nuestras vidas. La lección está clara, esperemos que esta vez la aprendamos pronto.
El naufragio
Sevilla, 10 de junio de 2011
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